EL DIABLO CON CARA DE MUJER

Cuando prefirió huir que dar jaque mate

El título de esta nota no pretende ser una expresión machista. Es sólo el preludio del relato de una leyenda que atañe a Paolo Boi “Il Siracusano”, un gran aventurero y uno de los mejores jugadores de su época (1528-1598).

Protegido del Papa Pío V, ferviente admirador de sus hazañas sobre el tablero, Boi era un trotamundos que ganaba buen dinero con su juego, algo que en su época no era difícil. Incluso recibía una renta real anual de 500 coronas.

No se sabe con certeza si fue invento o suceso real, pero se cuenta que en un viaje por barco a Madrid, el siracusano fue apresado por unos piratas. Por suerte, el capitán de los bandidos marinos jugaba ajedrez.

Boi se ganó su libertad, y una buena suma de dinero, en un enfrentamiento con el líder de los piratas, cuyas habilidades tácticas en mar abierto no iban al parejo con su destreza estratégica sobre la palestra cuadriculada. Ese solo hecho le daría a cualquiera material de sobra para contar a sus nietos.

Pero esto no es lo más asombroso en la bohemia existencia de este combatiente del tablero. Lo que trasciende los siglos y hasta ahora se comenta, aunque con más ribetes de leyenda que otra cosa, fue un enfrentamiento con una enigmática y hermosa mujer que lo desafió a intercambiar jaques.

Nuestro protagonista perdió varias partidas contra la bella fémina, pero en la última que disputaron se registró un hecho insólito. Cuando Boi, que llevaba las negras, estaba a una jugada de recibir mate, la bella mujer, con el rostro congestionado por el miedo, salió corriendo despavorida como alma que lleva el diablo.

El compositor J. Gumpel recoge en el diagrama que acompaña a esta nota la posición clave de ese encuentro, en el que el conductor de las blancas realiza espectacular serie de combinaciones sólo para abandonar cuando podía culminar los hechos con el jaque mate.

Para apreciar con más claridad la razón del súbito abandono de las blancas, invitamos al lector a reproducir en un tablero la secuencia.

1.Txg7+, Rf6; 2.Dxc6+!!, Txc6; 3.Txc6+, Dd6; 4.Txd6+, cxd6; 5.Cc7, d5; 6.Cxd5+ Re6; 7.Te7 mate y con la ejecución del soberano negro se formaba en el tablero la señal de la cruz. Era el mismo Lucifer en persona quien, con atuendo de mujer, jugaba contra Boi y prefirió huir antes que formar la divina señal.

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