¿POR QUÉ LAS MUJERES TIENEN SU PROPIO MUNDIAL DE AJEDREZ?

La vigente campeona mundial de ajedrez, Ju Wenjun, y la aspirante al título, Aleksandra Goryachkina, comienzan hoy un duelo que se decide a la mejor de 12 partidas. El match, cuya primera mitad se celebra en Shanghai y la segunda en Vladivostok, cuenta con una bolsa de premios de medio millón de euros. En juego, además, está el orgullo de dos de las naciones más grandes del planeta: desde la caída de la Unión Soviética, de las 14 campeonas mundiales que han sido coronadas, nueve han sido chinas, por una sola rusa.

Nacionalismos aparte, este encuentro provoca también el encendido enfrentamiento entre otros dos grandes bloques: el de quienes piensan que las competiciones femeninas de ajedrez deberían ser abolidas por completo, frente al de quienes las justifican e incluso reclaman más apoyo para ellas. El asunto llegó a ser tema de debate en el Parlamento Europeo, cuando en 1999 la eurodiputada socialista María Sornosa formuló la propuesta de que los torneos femeninos de ajedrez fuesen erradicados.

Existen campeonatos femeninos de ajedrez, pero estrictamente hablando, no hay campeonatos masculinos. En 1986, Susan Polgar logró clasificarse para la fase previa del Mundial absoluto, lo que obligó a borrar la palabra masculino de la reglamentación, para pasar a denominarlo abierto. Cualquier mujer puede elegir si opta por jugar en una o en otra categoría, sin restricciones.

Fue precisamente otra Polgar, su hermana pequeña Judit, la primera mujer -y de momento, única- en alcanzar la élite del ajedrez, llegando a colocarse en el top ten mundial y cosechando sonadas victorias. Kasparov o Carlsen, por ejemplo, saben lo que es morder el polvo ante la agresiva ajedrecista húngara.

Retirada desde 2014, Judit se dedica ahora a organizar pruebas infantiles y a promover el ajedrez como herramienta educativa. Y en sus eventos no sólo no hay categoría femenina, sino que ni siquiera se otorgan premios a la mejor jugadora. Para ella, contentarse con competir por ser la mejor entre las chicas impone una autolimitación que impide luchar por metas más altas. El famoso techo de cristal. Pero no todas están de acuerdo con Judit. «La mayoría de torneos en el mundo son open, abiertos a gente de todas las edades, sexos, y nacionalidades», explica Alexey Root, campeona de los Estados Unidos en 1989.

OTROS TORNEOS SEGREGADOS

«Pero también existen competiciones segregadas por edad, por geografía, e incluso por profesión, como el Campeonato de las Fuerzas Armadas. Estos torneos segregados ayudan a que quienes participan reciban un plus de atención por parte de los medios, recaben apoyo financiero y establezcan relaciones con otras personas con quienes tienen algo en común. De la misma manera, los torneos femeninos no significan que ellas estén más o menos capacitadas para jugar: simplemente pueden ayudar a hacer el juego más atractivo para las jóvenes jugadoras, por las razones financieras y sociales antes citadas». En la mayoría de las federaciones del mundo, el número de jugadoras se cifra en aproximadamente un 15% del total. Sin embargo, en aquellos países donde experimentalmente se suprimieron las competiciones femeninas, la participación de jugadoras en pruebas mixtas se redujo aún más, mientras que las federaciones que desarrollaron programas específicos orientados a jóvenes jugadoras, los resultados mejoraron. El debate está abierto.

En el ajedrez, deporte miembro del Comité Olímpico International desde 1999, las pruebas antidopaje hace ya tiempo que dejaron de ser una novedad: varios estudios apuntan a que sustancias como el metilfenidato pueden incrementar el rendimiento de un jugador hasta en un 13%.

Las recientes sanciones impuestas por la agencia mundial anti-dopaje (WADA) contra Rusia, que incluyen la prohibición de organizar pruebas internacionales deportivas en su territorio por cuatro años, suponen un serio trastorno para la FIDE, dada la enorme popularidad de la que goza el ajedrez en este país.

La Olimpiada de ajedrez, prevista para agosto en Moscú, podría ser el último acontecimiento deportivo que tenga lugar en suelo ruso en una larga temporada, y con una afrenta adicional: el equipo nacional ruso, firme candidato a la victoria, probablemente tendrá que jugar en su propia Olimpiada, y ante su público, bajo una bandera neutral. De igual manera, si el vencedor del próximo Torneo de Candidatos resultase ser un ruso, el retador de Carlsen tendría que jugar sin la bandera de su país sobre la mesa.

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