LA VIDA: AJEDREZ Y ROMPECABEZAS

En 1982, Garry Kaspárov se proclamó campeón del mundo en ajedrez venciendo a Anatoli Kárpov, cuando sólo contaba con 22 años. A partir de entonces, explicó en el libro “Cómo la vida imita al ajedrez”, todos le preguntaban cuál era el secreto de su éxito.

Kaspárov señaló que su madre le enseñó a esforzarse mucho y que los movimientos que planeaba en el juego dependían de la posición en que se encontraba, después de calcular todas las variables.

Especificó que los problemas de la vida se resuelven de manera muy semejante a una partida de ajedrez, ya que en el día a día se requieren poner en práctica las mismas artes y técnicas: conocimiento, organización, estrategia, preparación y análisis de todas las variantes y soluciones posibles, así como las posibilidades de revertir el ataque del oponente para obtener ventaja y conseguir la victoria.

“El ajedrez es un instrumento ideal para examinar esas influencias, porque para destacar en la partida, nos vemos obligados a analizar las decisiones que tomamos y cómo hemos llegado a esas decisiones”, precisó.

El rabino Lawrence Krushner comparó la vida con un rompecabezas: “Yo creo que cada vida es como las piezas de un rompecabezas. Para algunos hay más piezas; para otros, el rompecabezas es más difícil de armar, y otros parecen haber nacido con el rompecabezas casi ensamblado”.

Resaltó que ninguna persona cuenta con todas las piezas. Incluso, tenemos algunas de los rompecabezas de otras personas, de ahí que debamos colaborar y compartirlas mutuamente.

“Cuando muestras tu pieza, que para ti no tiene valor, para alguien más, lo sepas o no, y lo sepan los demás o no, tú eres un mensajero de lo más alto”, especificó.

¿Cómo juego el ajedrez de mi vida? ¿Comparto las piezas del rompecabezas?

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