LA DEBACLE DE TAIMÁNOV

Una leyenda soviética lastrada

No es justo que se recuerde a un jugador de élite, a una auténtica leyenda, sólo por un match que perdió, por muy mal que le haya ido. Sin embargo, a Mark Taimánov, un soviético que cuando se sentaba al piano tocaba como los ángeles, se le recordará por siempre por un enfrentamiento que nunca debió sostener y lastró su carrera para siempre.

Todo el juego volcánico que el ucraniano de nacimiento desplegó durante décadas con excelsas combinaciones frente a la élite del juego ciencia abordaron la nave del olvido en 1971. Después de ese año pocos rememoraban sus lances pletóricos de creatividad y destellos tácticos.

La culpa no la tuvo el músico y ajedrecista, que seguía jugando al más alto nivel, sino de un genio que no parecía de este mundo: Bobby Fischer. En plena guerra fría, el estadounidense barrió del tablero al pobre Taimánov, quien no pudo rescatar ni siquiera medio punto en las seis partidas de que constó la semifinal del Torneo de Candidatos en Vancouver, Canadá.

Consecuencia lógica, el resultado despertó la ira del Kremlin, que la emprendió contra su jugador, a quien le suspendió su salario y varios derechos, entre ellos el de salir al extranjero a jugar torneos. Además, su nombre prácticamente desapareció de los medios de difusión soviéticos.

El politburó no tuvo en cuenta que el norteamericano, un fuera de serie, atravesaba por el mejor momento de su carrera, lo que se refleja en la racha de 19 victorias consecutivas frente a grandes maestros de súper élite, algo impensable en los tiempos actuales. Otra cosa es mantenerse invicto durante 100 juegos o más, lo que también es memorable, pero lo que hizo Fischer se irrepetible.

Después de que doblegara en forma tan contundente a Taimánov, Bobby también humilló al danés Bent Larsen con el mismo marcador de 6-0 y nadie en Copenhague pensó en forma alguna de castigo para el caído.

Incluso otro soviético, Tigran Petrosián, fue la siguiente víctima del norteamericano, aunque no con una pizarra tan escandalosa. Luego el campeón mundial soviético Boris Spassky cedió el trono mundial a Bobby, pero con nadie se ensañó tanto el Kremlin como con el gran Mark. Su penalización sólo fue levantada cuando clasificó para el Interzonal de 1973, año en que se coronó en el durísimo Campeonato de Leningrado.

Nuestro protagonista nació en un día como hoy, 7 de febrero de 1926, en Járkov, ciudad de Ucrania, y murió a los 90 años, el 28 de noviembre de 2016 en San Petersburgo, Rusia. Se casó cinco veces, tuvo en total siete hijos. Con Nadezhda, su última esposa, con quien tuvo gemelos a los 78 años, estableció en San Petersburgo una academia para impulsar la milenaria disciplina que le apasionó toda la vida.

Sus logros sólo están al alcance de muy pocos. Durante toda una década, de 1946 a 1956, se mantuvo en el top ten mundial y disputó 23 campeonatos de la Unión Soviética, una marca superada únicamente por otra leyenda: Yefim Guéller.

Los jugadores de torneo saben de su gran contribución a la teoría de aperturas, tanto en la Siciliana como en la Nimzoindia, la Benoni y la India de Rey, defensas que enriqueció con líneas que, fiel a su estilo incisivo, llevan elevada carga de explosividad. Eso sin contar con varios libros que escribió.

En cambio, pocos se han enterado en Occidente que de niño estudió en una escuela de música y fue un actor infantil. Incluso protagonizó la película Beethoven Concerto, producción soviética de 1937. Mark Taimánov, una vida de leyenda que conoció el apogeo y el ocaso y nunca dejó de luchar. Un ajedrecista total.

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