KARPOV-KASPAROV: HISTORIA DE UNA RIVALIDAD

Hace pocos días Anatoly Karpov realizó el primer movimiento, el saque de honor, en el Torneo de Candidatos de Ajedrez que se está celebrando en Ekaterimburgo (Rusia). Este catedrático de matemáticas, campeón del mundo entre finales de los 70 y principios de los 80, es uno de los protagonistas, junto a otro genio como Garry Kasparov, de una de las rivalidades más grandes que han existido en el mundo del deporte. La doble K, historia de una rivalidad , de Informe Robinson, es la narración de un enfrentamiento deportivo, político, mental y estilístico entre dos hombres que representaban los diferentes mundos que coexistían dentro de la Unión Soviética en los ochenta, justo antes de su desarticulación.

Doce años más joven, Kasparov, bautizado como el ogro de Bakú, era el signo del cambio, de la Perestroika que implementaría Gorbachov en 1985. Karpov, por el contrario, representaba los valores tradicionales de la URSS. Ambas visiones de su país también se trasladaban al tablero con estilos completamente diferentes. Mientras el siberiano era un jugador clásico, capaz de exprimir cada posición para transformar cualquier mínima ventaja en un triunfo, el azerbaiyano era todo pasión, un jugador agresivo que no se conformaba con ganar, sino que quería arrollar a su rival.

Su enfrentamiento tuvo todo tipo de condicionantes, desde espionajes hasta injerencias políticas, que le permitieron transformarse en un fenómeno de masas. Pese a ser el ajedrez un deporte-ciencia con no demasiados adeptos, las más de 100 partidas que pusieron frente a frente a Karpov y Kasparov entre 1984 y 1990 se convirtieron en un hito del deporte. Sólo en España, 13 millones de españoles se sentaron delante del televisor en 1987 para asistir a la jornada final del tercero de los cuatro Mundiales que disputaron en esos años.

Este documental de apenas 26 minutos hace un recorrido histórico por la vida de ambos ajedrecistas y por los grandes momentos de su rivalidad, con opiniones de quienes vivieron con ellos esas interminables batallas. Pero más importante aún, son ellos, Karpov y Kasparov, quienes cuentan en primera persona la presión que sostuvieron durante más de un lustro sobre sus hombros para luchar por el título, hasta llegar a profesarse un enorme respeto.

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