EL CAMPEÓN RECUPERA TERRENO...

En la undécima partida jugó de nuevo una de las variantes favoritas de Fischer, la del «peón envenenado».

El estadounidense devoró el peón, como de costumbre, y todo parecía irle bien hasta que, quizá llevado por la confianza o quizá confundido por las complicaciones que Spassky se empeñaba en plantear durante el juego, entregó un peón a cambio de nada.

Era la ocasión que el ruso estaba esperando, y pareció renacer en ese mismo instante.

Castigó la imprecisión de Fischer con la fiereza y eficacia propias de un campeón mundial.

Bobby no solo perdió, sino que fue vapuleado en apenas treinta y un movimientos por un Spassky que parecía mostrar por fin la mejor versión de sí mismo.

El marcador aún mostraba una enorme diferencia, 6’5 a 4’5, pero la perspectiva había cambiado de nuevo.

¿Hasta qué punto podría Fischer hacer frente al renacer de su antigua Némesis?

¿Bastaría su ventaja de dos puntos, amplia pero no definitiva, si Spassky empezaba a jugar como lo había hecho en esta partida?

¿Podría la ventaja del aspirante empezar a tambalearse?

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