EL REINADO POLGAR

Las hermanas Polgar son consideradas las mejores ajedrecistas de la historia. Nadie se atrevería a dudar del poderío sobre los tableros de Susan, Sofía y Judith, pues desde su primera aparición sobre un pódium, su carrera fue en ascenso hasta llegar a la cima del mundo.

Sus padres Laszlo y Klara Polgar, dos pedagogos de Budapest, decidieron probar con ellas la teoría de que se puede fabricar un niño genio. Las tres hermanas fueron educadas en casa donde además recibían un intensivo entrenamiento de ajedrez. Pronto, el esfuerzo rindió frutos, con resultados aplastantes.

Susan (1958) a los 15 años consiguió ser la número uno en el ranking mundial de jugadoras de la FIDE (Federación Internacional de Éches) y es la primera mujer en conseguir el título de Gran Maestro de Ajedrez.

Sofía (1974) es quien se encuentra más alejada del mundo ajedrecístico hoy en día, aun así, posee los títulos de Maestro Internacional y Gran Maestra de Ajedrez –en la entrega pasada mencionamos las diferencias entre los títulos de hombres y mujeres en el ajedrez –, a los 14 años venció en el torneo de Roma con la proesa de 8.5 puntos de 9 posibles.

Judit (1976) es considerada la mejor ajedrecista de todos los tiempos, y la única en llegar al top 10 general en la clasificación mundial, y el número uno del ranking femenil –desplazando a su hermana Susan al segundo puesto–, además se encuentra en la lista de las 10 personas más inteligentes del mundo, con un coeficiente intelectual de 170.

Estas niñas prodigio del ajedrez consiguieron derribar dos grandes mitos: el primero, que para ser un genio se necesitan cualidades genéticas particulares. Y, segundo, que las mujeres no poseían el intelecto y la fuerza para figurar en la élite mundial. Judit se ha declarado en múltiples ocasiones contra la división del ajedrez en fuerzas varoniles y femeniles

Su historia ha generado expectación en todo el mundo y tienen cientos de fans y detractores (quienes cuestionan la autenticidad de sus logros por la manera en que fueron educadas). A pesar del estricto régimen de entrenamientos y lecciones aprendidas desde casa, las hermanas Polgar han asegurado en múltiples entrevistas ser felices y haber tenido una infancia plena.

“¿Por qué el ajedrez?”, le cuestionaron al Laszlo, quien también pudo haber elegido la música, la pintura o cualquier otra ciencia para orientar a sus pequeñas genios. Él respondió: Lo escogimos debido a su objetividad: en ajedrez, el mejor jugador gana; pero también es una ciencia, un arte, un deporte y un gran juego.

Las Polgar son el ejemplo en carne viva de que las limitantes intelectuales no existen y que cualquier persona podrá llegar a conquistar las metas que se proponga, siempre y cuando se esté dispuesto a invertir el esfuerzo necesario: aprender de los errores, analizar cada situación, tomar decisiones a conciencia y, sobre todo, disfrutar del juego.

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