FISCHER, EL GENIO DEL AJEDREZ

La genialidad y la locura suelen operar como vínculo de los grandes. En el ámbito del ajedrez, acaso ninguno como Bobby Fischer, campeón mundial a los 29 años y protagonista central en la Guerra Fría.

Un tablero de ajedrez está compuesto de 64 casillas, cantidad de años que contaba Fischer a su muerte, en 2008, en la helada Islandia. Hoy cumpliría 75 años.

Estados Unidos y la Unión Soviética eran dos sistemas políticos enfrentados por la conquista del espacio, el desarrollo de las ciencias y las tecnologías, las fuerzas militares y por la cara ¨amable¨ del asunto: la rivalidad deportiva.  

En eso había un problema para EU: los soviéticos reinaban en mundiales de ajedrez entre 1948 y 1972. De ahí la importancia de que Fischer derrotara al soviético Boris Spassky en el Mundial de 1972, en Reikiavik, Islandia. “Fischer es el rey”, fue el titular de Los Angeles Times del 1 de septiembre de ese año.

Pero el camino a ese título fue marcado por peculiares eventos. Henry Kissinger, el Consejero de Seguridad Nacional de EU, convenció a Fischer participar en el campeonato en el que el ajedrecista protestó por la calidad de las piezas, recriminó el poco espacio en la sala y, sobre todo, la presencia de las cámaras de televisión. Como sea, inteligencia, arte y ciencia se conjugaron en un tablero en el que se odian dos colores. “Es una guerra sobre un tablero. El objetivo es aplastar la mente del adversario”, dijo.

En 1992, Fischer jugaría de nuevo contra Spassky. Una de esas citas se pactó en Yugoslavia, que tenía restricciones comerciales de Estados Unidos. Desafiante con su gobierno, Fischer jugó. Años después, se dijo ¨satisfecho¨ tras los ataques terroristas de S11 contra las Torres Gemelas y el Pentágono. En 2004 fue detenido en Tokio, pues Estados Unidos le había cancelado su pasaporte y buscaba extraditarlo. En marzo de 2005, Islandia le concedió la ciudadanía. “No creo que el ajedrez haya tenido tanta popularidad como la que tuvo en 1972, en el Mundial”, dijo el ruso Gary Kasparov, 13 veces campeón mundial convertido en político, “enemigo” de Fischer, cuando visitó la tumba del genio en Selfoss, al sur de Islandia, en 2014.

Pero Fischer tenía su opinión sobre el ruso: “Me opongo a que digan que soy un genio del ajedrez. Soy un genio en general que, casualmente, juega ajedrez. Es muy distinto. Miren a Kasparov: él es un genio del ajedrez. Fuera del tablero, en cambio, es un idiota¨. Fischer y Kasparov nunca se conocieron.

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