LA MUSA DEL AJEDREZ HOLGUINERO

Lisandra Llaudy Pupo nació para triunfar en el ajedrez, aunque las primeras señales indicaban lo contrario. Su padre Ronaldo, ajedrecista, insistía para que ella aprendiera ese juego ciencia y se abriera paso en el mundo de los trebejos, pero la niña, tranquila y risueña, se negaba una y otra vez. Le parecía aburrido pensar y mover piezas, por eso la llevaron al Ateneo Deportivo Fernando de Dios para probar en la natación y luego en clavados, pero en ninguno de los dos fue admitida debido a su tamaño, quizá, por tal motivo, ni a nadar aprendió. Sin embargo, su progenitor quería de todas formas que su hija fuera deportista…


La reina Caissa (musa del ajedrez) holguinera, a un paso de ser Gran Maestra, es una atractiva joven, que sonríe continuamente. Es la mujer de esta provincia de más relevantes resultados en el ajedrez de todos los tiempos. A Lisandra la encontré en su hogar, en la ciudad de Holguín, pocas horas antes de que viajara a México, pero eso no fue impedimento para una extensa conversación. Me dijo con simpatía que la había obligado hacer un intenso ejercicio de memoria. Y realmente así fue, pues, mientras transitaba por sus años vividos, en varias ocasiones se detuvo para meditar y esclarecer un hecho o detalle, que había olvidado o no recordaba claramente y al mismo tiempo se reía de ella misma…

¿Entonces, después de aquellas primeras peripecias deportivas, cómo aceptaste al ajedrez?

-Mi padre insistió. Creo que me venció por cansancio. Me llevó a la Academia de Ajedrez, aunque ya antes había aprendido algo, mirando a mover las piezas a papá, quien fue desde ya mi principal maestro. Jugué mi primera partida cuando tenía nueve años de edad, perdí irremediablemente, regalé todas las piezas. Aquello se fue prendiendo de mí y un día, para su regocijo, le dije a Ronaldo que sentía atracción cada vez que me sentaba frente al tablero. Luis Pupo me dio clases en la Academia. Avancé con rapidez.

¿La ajedrecista Lisandra, escolar y juvenil?

A los 10 años ingresé en la Escuela Integral de Deporte Escolar (Eide), a cursar el quinto grado. En un torneo provincial jugué en la categoría 13-14 años, aunque era yo de 11-12. Me desempeñé en el primer tablero y conseguí plata individual.
Recuerdo un oro en 13-14, una plata en 15-16… en fin, siempre gané medallas, individuales y por equipos, en los cinco Juegos Nacionales Escolares en los que competí. En las lides juveniles del país obtuve una plata y un bronce. Aún siendo de esa categoría, fui al Campeonato de Cuba, de adultos, en Matanzas-2005 y logré norma de Maestra Internacional, al sumar 7,5 de 13 puntos.


¿Ya llevas una significativa trayectoria competitiva con destacados resultados?

-Así es. En el “Capablanca-2007 hice mi tercera y definitiva norma de Maestra Internacional, cuando tenía 18 años de edad. Después de ese logro me estanqué un poco, pero luego vino un salto significativo. Ya sumo 12 campeonatos de Cuba con dos coronas (2012 y 2017 en Holguín), un bronce y otros notables resultados como cuartos y quintos peldaños. Igualmente presente en nueve “Capablanca”, en los que he sido en par de ocasiones la primera y segunda fémina de mejor comportamiento. Tres veces primer lugar en los Torneos Centroamericanos y he jugado en diversas lides en México, Colombia, Panamá, Venezuela…incluyendo eventos abiertos con participación de hombres y mujeres, los que me han beneficiado mucho para fortalecer mi juego. Además, integré dos equipos Cuba a Olimpiadas: Suplente; cuatro victorias, tres tablas y un revés; 5,5 puntos; decimonovena por equipos, en Estambul, Turquía-2012. Seis victorias, dos tablas y dos derrotas (7 puntos); decimoctava por equipos en Bakú-2016 y este año iré a mi tercera Olimpiada. En la última cita (2016) mi triunfo decidía un match para el equipo y logré el punto.
 
 
¿Qué significa Ronaldo Llaudy en tu recorrido ajedrecístico?

-Que mi padre sea mi entrenador ha sido una bendición y también un compromiso mayor. El es mi apoyo, el bastión. Resulta un privilegio tenerlo muchas veces a disposición. Muy exigente conmigo, pues cuando algo no sale bien, sufre como padre y entrenador. Desde un principio no bastaba la preparación en la Eide, y ahí entraba el rol de Ronaldo, por eso mi mayor academia ha estado en el hogar.

¿Cómo es Lisandra frente al tablero, su juego, estudios, referentes?

-Aunque ves que me río mucho, yo soy muy disciplinada. Frente al tablero logró una gran concentración, me aíslo del contorno. Mi juego es posicional, universal… La preparación no es solo teórica, sino también física. Hago algo de pesas para fortalecer las piernas y ejercicios aeróbicos.

He leído muchos libros sobre el ajedrez. Capablanca es mi primer referente, por su genialidad. También Alekine, Karpov, Polgar, entre otros.

¿Por qué todavía no te han dado el título de Gran Maestra?

-En el 2012, cuando logré mi primer título de Cuba (sumé siete puntos de nueve), hice una norma de Gran Maestra , como consta en un documento que me entregaron, pero fue reportado incorrectamente, relativo a la estructura de competencia, lo cual podría, aún, reclamar. La norma en el “Capablanca-2017” debió ser la tercera, debido a eso inicialmente se anunció que ya había logrado ese pergamino.

Para ser GM hacen falta tres normas y un Elo de 2300 y yo actualmente, de manera oficial, tengo dos normas y Elo de 2320 (el segundo entre las mujeres ajedrecistas cubanas). Pero confío que pronto seré oficialmente Gran Maestra, si reclamo lo del 2012, también podría ser en el “Capablanca” del próximo mayo (del 8 al 20 en La Habana) o en la Olimpiada en el venidero septiembre.

 
 ¿Anécdotas de tu andar ajedrecístico?

-¡Uh, me han sucedió tantas cosas…! A un evento en Nuevitas fui pasando mucho trabajo, cogiendo “botella” y cuando llegué habían suspendido la competencia. Otra vez iba para El Salvador; en el tránsito, aeropuerto de Panamá, boté el pasaporte; en el departamento de objetos perdidos no me acababan de atender: “tiene que esperar”, me decían. Yo clamaba, desesperada: señor por favor que se me va el avión. Apareció el pasaporte y corriendo cogí el vuelo. Una vez, apremiaba viajar a Camagüey, no tenía pasaje. Mi padre y yo nos fuimos de polizontes (guardias) en un tren…

¿Además, del ajedrez?

-Algunos dicen que me rio mucho. Sucede desde chiquita, cuando me daban ataques de risa, a veces en donde no debía reírme. Siempre me ha llamado mucho la atención el piano, pero el ajedrez deja poco tiempo: el juego, los estudios, los viajes… Me gusta oír alguna música y si pudiera, iría más al cine. La vida del ajedrecista es compleja. Mi novio es mexicano, es el que organiza el Torneo Carlos Torres… A pesar de todo, disfruto la estancia en el hogar, con mis padres y una hermana y tengo muchas amistades, mayormente en el mundo del deporte. Me gusta mi ciudad natal, Holguín.

¿El futuro de Lisandra Llaudy?

-Yo soy perseverante. Nunca me decepciono. Tan pronto me den el título de Gran Maestra, vendrán otras metas: una medalla olímpica, la clasificación mundial, veremos hasta dónde llego. Para mí el ajedrez no tiene fin.

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