STOCKFISH Y LOS LÍMITES DEL AJEDREZ

¿Sabemos jugar bien al ajedrez? La pregunta es genérica, se refiere a la suma de humanos y máquinas. Hasta qué punto dominamos en la Tierra este juego milenario, en teoría finito y en la práctica inabarcable. Cuando parecía que las máquinas rozaban la perfección, que el juego estaba muerto porque las tablas eran el resultado más probable entre los grandes, resulta que la experiencia demuestra una y otra vez el largo trecho que queda por mejorar. Los últimos resultados entre programas confirman que ni siquiera estos monstruos se acercan al techo. Es como si comprobáramos que Dios existe y que además es falible. 

Bobby Fischer llegó a tener 2789 puntos Elo, una cifra adelantada a su tiempo y a la que ningún ajedrecista de su época se aproximaba. El Elo no da la medida exacta de la fuerza de un ajedrecista, por supuesto, pero es el dato más objetivo y fácil de comparar que tenemos. En 1972 se podía pensar que el nivel del estadounidense estaba cerca de la perfección, salvo cuando incurría en algún descuido, propio de nuestra especie.

Los coetáneos de Capablanca pensaban lo mismo del cubano en las primeras décadas del siglo XX. Pues bien, luego llegó Garry Kasparov y destrozó el récord de Fischer (la inflación no lo justifica todo; cada vez se juega mejor). El ogro de Bakú llegó a tener 2856 puntos en su mejor momento, con lo que hoy sería número uno.

Magnus Carlsen fue aún más lejos. Superó ese récord y lo elevó hasta 2889 puntos, aunque ahora ha bajado un poco e incluso ve amenazado el número uno por Fabiano Caruana. En partidas relámpago, sin embargo, el noruego roza los 3000 puntos, con 2965. Y todo esto no es nada al lado de la fuerza de los mejores programas. Stockfishacaba de ganar el campeonato TCEC (Top Chess Engine Championship), mundial oficioso en el que decenas de participantes superaban los 3000 puntos. En la lista de los mejores programas, hasta 47 están por encima de ese listón. El monstruo número uno, que además es un programa gratuito, de código abierto, tiene 3561 puntos, una barbaridad.

Podría pensarse que si Capablanca era capaz de pasar dos años sin perder una partida, estas bestias podrían pasar décadas invictas. Nada más lejos de la realidad. La irrupción de AlphaZero fue asombrosa entre otras cosas porque, según sus creadores, ganó 28 partidas de 100 a Stockfish. Pero incluso entre este programa (obra de Marco CostalbaJoona Kiiski, Tord Romstad y Gary Linscott) y los otros dos grandes, Houdini y Komodo, es más frecuente de lo que cabría pensar que las partidas no acaben en tablas.


Stockfish ha vuelto a imponerse a los mejores programas del mundo, esta vez con gran superioridad

En las cien partidas de la final, 78 fueron empates. Stockfish solo perdió dos (algo que parece natural) y ganó nada menos que 18 a una máquina que rozaba los 3500 puntos Elo. Cuando analizamos con las máquinas creemos que su veredicto es inapelable, pero resulta que también cometen errores. Incluso así, su superioridad en la final parece exagerada o la diferencia de puntos entre ambos programas se antoja corta. (Sería bonito ver, en abierto, un duelo entre AlphaZero y el remozado Stockfish).

Otro dato que sorprende es que las negras lograran siete de las 22 victorias. Ni siquiera al más alto nivel conocido las blancas tienen una ventaja definitiva, como mínimo para asegurar las tablas. ¿O les puede la ambición y pierden por correr demasiados riesgos? Todo apunta a que ninguna de ellas está cerca de lograr la perfección.

En esta dirección también apuntan las famosas (es un decir) tablas de Nalimov y Lomonosov. El ajedrez está a muchos años de considerarse resuelto. De momento, solo se sabe con certeza cómo acaban las partidas cuando quedan siete piezas o menos sobre el tablero, aunque esta es otra historia que merece leerse aparte:

Si volvemos al torneo y vemos la clasificación final, por cierto, llama la atención la presencia de un programa andorrano en séptima posición:

Clasificación final TCEC 11

1. Stockfish
2. Houdini
3. Komodo
4. Fire
5. Chiron
6. Andscacs
8. Fizbo
9. Ginkgo
10. Booot

Andscacs, un programa escrito por Daniel José Queraltó, nació en 2013 y ya tiene un Elo de 3319 puntos. Según su creador, es completamente original y no está basado en ningún otro.

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