LAS TABLAS TAMBIÉN PUEDEN SER APASIONANTES

Fabiano Caruana le gustó su última partida con blancas, que llegó a tener ganada, y repitió el planteamiento. Magnus Carlsen, por su parte, tenía motivos para no cambiar de dirección y aceptó entrar de nuevo en la misma defensa siciliana. Ambos grandes maestros parecían dos coches a toda velocidad y en dirección contraria, a punto de estrellarse. El americano fue el primero en desviarse, en la jugada 12, con un movimiento de peón pintoresco e interesante, difícil de prever, anticipo de una batalla apasionante. Como dijo Alexander Grischuk, «esto es ajedrez de verdad». Pese a todo, el americano y el noruego son dos huesos difíciles de roer y ninguno perdió el control de la nave, no del todo, pese a la tormenta desatada sobre el tablero. El resultado fueron las décimas tablas consecutivas, lo que no ha ocurrido antes en ningún Mundial de Ajedrez. Si todas hubieran sido como la última, el buzón de quejas estaría vacío.

A Carlsen le costó 12 minutos replantearse la situación, una vez visto el giro de volante de Caruana. No es demasiado ante una sorpresa en la apertura. Como contaba el periodista Olimpiu G. Urcan, Magnus mantuvo la cara de póker durante unos pocos minutos, antes de que se le escapara un suspiro.

En la jugada 15, el dictamen de las máquinas era favorable al blanco por muy pocas décimas, en una posición suficientemente desequilibrada para que ocurrieran cosas, lo que anhela el público y desea el aspirante. Empezábamos bien. Nigel Short anticipaba poco después que no imaginaba cómo una posición tan desequilibrada podría acabar en un nuevo empate. Su tuit envejeció mal.


Magnus Carlsen, campeón mundial, en la décima partida en Londres. Foto: Facundo Arrizabalaga / Efe

«Vamos a tener otra lucha brutal, que pinta muy bien para Caruana», apuntaba David Antón en Chess24. Susan Polgar matizaba que la posición del campeón no era mala, pero sí demasiado concreta para sus gustos, y además entraba dentro de la preparación de su rival. «Es como luchar con las manos atadas», explicó.

En la jugada 19, la máquina daba una buena ventaja para Fabiano si encontraba una «jugada de máquina». Caruana optó por otra menos precisa, y más humana, que prometía más acción. Su Ta3, por otro lado, suponía perder la ventaja acumulado a ritmo de hormiguita. De repente, su posición era mucho más difícil de jugar. Dominar el ajedrez parece imposible para un ser vivo.

Sabrina Vega saludaba el espectáculo desde Twitter: «¡Entretenida posición y ya ambos jugadores fuera de preparación! No se lo pierdan, que hoy puede ser el día ;)». Podría pensarse que la predicción no se cumplió, dado el resultado de tablas, pero que fue un gran día de juego no creo que lo niegue nadie.

Paradójicamente, lo peor para Magnus es que tenía demasiadas buenas jugadas a su disposición. Con un tiempo finito (y menguante) eso podría causarle problemas, por miedo a dejar escapar otra vez las mejores opciones. Parecía claro que al final habría problemas de tiempo, probablemente para los dos.

Garry Kasparov corroboraba: «La partida es muy aguda y no es del gusto de Magnus, porque ahora él tiene que tomar algunas decisiones difíciles, lo que no es típico de su estilo». Dicho y hecho, el campeón volvía a apurarse de tiempo, justo cuando Caruana también empezaba a dar demasiadas vueltas a sus problemas sobre el tablero.


Fabiano Caruana, retratado por Facundo Arrizabalaga (Efe)

Para que el lector se haga una idea, Carlsen estaba gastando más de diez minutos por jugada. Si seguía así, pronto tendría que jugar a un ritmo diez veces más rápido. El control mental y emocional era en esa situación tan importante como el cálculo preciso.

En ese punto crítico, Carlsen actuó con gran valentía, pero Fabiano volvió a evidenciar que a sangre fría le ganan pocos. La jugada 23 fue un error de las negras, según los módulos informáticos, pero sobre el tablero seguía habiendo dos personas. La lucha era a garrotazos (la expresión es del Divis, David Martínez). A Carlsen hay que aplaudirle que se lanzara a por el mate, sin reparar en los riesgos. En Londres se comentaba que el noruego estaba a punto de sacar del garaje su en otros tiempos famosa apisonadora, pero Caruana se defendió como siempre, sin dejarse llevar por el pánico. Incluso pudo aspirar a más, en un momento dado, con Magnus algo fuera de sí. Probablemente ni se lo planteó.

Cuando todo parecía abocado a una locura sobre el alambre, ya sin tiempo para calcular casi nada, los dos contendientes encontraron el modo de cambiar damas y simplificar la posición. Probablemente sus sistemas nerviosos lo necesitaban. Se llegó así a un final de torres que debían ser tablas, pero el campeón siguió jugando como hace siempre, forzando los errores de su rival, solo que Fabiano no se deja impresionar como la mayoría, ni siquiera con su rey atrapado en una jaula.

Jonathan Rowson –lean sus libros, por favor– decía ayer que la falta absoluta de neurosis en Caruana es justo lo que convierte al italoamericano en una amenaza para Carlsen. «Él no teme los poderes mágicos de Magnus, solo sus mejores movimientos. No se angustia. No ve fantasmas».

Carlsen estuvo a punto de pasarse de frenada otra vez, pero supo rectificar a tiempo y, pese a perder un peón, llegó a un final claro de tablas. Caruana no es de los que golpean por puro placer, al contrario que su rival, y aceptó las tablas. Van 5-5, a falta de dos partidas. Han sido diez tablas seguidas, pero el sabor de estas últimas es de un ajedrez de un exquisito nivel.

Ju Wenju fuerza el desempate en el Mundial femenino


Ju Wenjun, relajada antes de la cuarta partida del Mundial. Foto: FIDE

Si la partida del Mundial absoluto fue emocionante, lo que ocurrió en el femenino fue aún mejor. Es una pena que la FIDE, poco espabilada, haya permitido que se solapen ambos campeonatos. A la rusa Kateryna Lagno le bastaba ayer con lograr unas tablas, con blancas, para arrebatar la corona a la china Jun Wenjun, que tiró de fuerza mental para igualar el duelo y forzar las partidas de desempate. Una proeza.

Puede que atenazada por la responsabilidad, Lagno no jugó suelta. Se apuró muchísimo de tiempo en una siciliana con Ab5, el último grito entre las variantes menos valientes. En la jugada 13, la rusa desaprovechó una oportunidad de sentenciar el duelo. Si hubiera encontrado la jugada Cg5+, habría provocado, en el peor de los casos, una repetición de movimientos forzada. Quizá consciente de lo timorato que había estado su caballo, lo empujó poco después a un salto erróneo, en la jugada 19, a un lateral del tablero. Cualquier aprendiz sabe que antes de hacer algo así hay que pensarlo varias veces.


Kateryna Lagno tuvo el Mundial femenino en su mano. Está a tiempo de no dejarlo escapar. Foto: FIDE

No sin varias alternativas, la jugadora china incrementó la presión y encerró al rey blanco. Son Caruana como guía, Lagno no aguantó la presión y sucumbió en una partida que le costará olvidar. Abandonó cuando el mate ya era imparable. Si la rusa no tiene un gran poder de recuperación mental, lo pasará mal en los desempates.

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