CAPABLANCA “LA MÁQUINA DE JUGAR AJEDREZ”

El ocho de marzo de 1942 dejó de existir físicamente José Raúl Capablanca Graupera, el genial ajedrecista cubano, que por su brillante trayectoria fue catalogado como “La máquina de jugar ajedrez.

Campeón mundial del juego ciencia de 1921 a 1927, cuando ganó el título ante el Gran Maestro alemán Emmanuel Lasker, Capablanca acumuló en su carrera 302 victorias, 246 tablas y solo 35 derrotas, méritos suficientes para ser considerado con toda justeza como gloria del deporte cubano.

Nació en La Habana el 19 de noviembre de 1888 y tuvo una vida relativamente breve, pues tenía al morir 53 años de edad y una trayectoria que lo ubica entre los grandes ajedrecistas del mundo en todos los tiempos.

Cuentan que en la noche del siete de marzo de 1942 se encontraba en el Club de Ajedrez de Manhattan, en Nueva York, donde era un habitual concurrente, observando una partida entre dos aficionados, cuando de repente se levantó y pidió que le ayudaran a quitarse el abrigo.

Cayó en brazos de los allí reunidos y fue trasladado de inmediato al hospital Mount Sinaí al que ingresó en estado de coma debido a una hemorragia cerebral de la cual no se recuperó y falleció a las 05:30 am del ocho de marzo.

Su cadáver fue trasladado a La Habana y sepultado con honores militares de Coronel fallecido en combate en el capitalino cementerio de Colón, como él lo había pedido. En esa necrópolis se situó un majestuoso Rey de mármol, obra del escultor Florencio Gelabert para perpetuar el recuerdo del gran campeón cubano.

Hay una frase suya que define su grandeza moral y arraigado patriotismo, pronunciada en pleno apogeo de su carrera ajedrecística, cuando alguien le propuso la ciudadanía estadounidense, a lo que Capablanca ripostó: “nunca dejaré de ser cubano”.

Así era José Raúl Capablanca y Graupera, a quien recordamos en el aniversario 77 de su fallecimiento como el gran campeón que puso en lo más alto del firmamento ajedrecístico el nombre de Cuba.

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