TRAMPAS EN EL AJEDREZ MODERNO

MÉXICO, D.F. (apro).- Uno podría pensar que hacer trampa en ajedrez es imposible, o al menos muy difícil. La realidad es que hoy en día, con tantos métodos de comunicación, de programas de ajedrez que le ganan a 99.99% de los jugadores en el mundo y que, incluso, pueden residir en dispositivos tan pequeños como un teléfono celular, hacer trampa es muy fácil de hacer.
Esto no quiere decir que los ajedrecistas, con estas posibilidades actuales, busquen sacar ventaja de manera ilegal. No. Probablemente la mayoría inmensa de los jugadores juegan al ajedrez en torneos porque quieren medir sus fuerzas. Solamente una pequeña proporción de ellos buscará hacer algún género de trampa, quizás para ganar un premio en metálico o para que le aplaudan en el podio de los vencedores sin que nadie, desde luego, sepa que es un auténtico tramposo y por ende, un fraude.
Pues he aquí que hay casos muy interesantes de tramposos en el ajedrez: hace unos años un jugador con cabello tipo rastafari se presentó a jugar en un torneo abierto en la ciudad de Nueva York. Se inscribió como John Von Neumman, casualmente un homónimo de un gran científico de computadoras. El nuevo Von Neumman no tenía clasificación ni estaba ranqueado por la federación norteamericana del juego ciencia. A pesar de ello, venció en las primeras rondas a un gran maestro, Heigi Olaffson, de Islandia, el cual poco tiempo después diría que en su partida hubo muchas peculiaridades.
Aparentemente este Von Neumman llevaba en su pantalón, en un bolsillo, una especie de tableta la cual quizás le indicaba de manera táctil qué jugada era la que tenía que hacer. Probablemente el peculiar jugador tenía un cómplice, que a través de un programa de ajedrez, le dictaba las jugadas. Nadie puede saberlo, pero es claro que sus triunfos –siendo un desconocido– llamaron la atención. Y esto además pasó porque en una partida en particular, el nuevo Von Neumman perdió por tiempo en la jugada 9, cuando su rival captura una pieza y él tiene que recapturar, pues no hay otra jugada. Pero no la hizo. Simplemente se quedó como hipnotizado en el tablero y terminó perdiendo por tiempo.
John Von Neumman en Nueva York, ganó el premio al mejor jugador no ranqueado, con 4.5 puntos de 9 posibles. Pero hubo protestas y había una gran sospecha de que el extraño competidor estaba haciendo trampa. Los jueces del evento entonces decidieron poner a prueba al ganador de unos 1000 dólares. Le pidieron que jugara una partida contra alguno de los jueces. Vaya, se dudaba que siquiera supiese jugar. No quiso, pero propuso un tiempo como de 3 minutos por jugada y aparentemente el John Von Neumman aceptó el reto, pero después dijo que no, que no jugaría. Entonces los árbitros del evento le negaron el premio. Después de ello nunca más se volvió a ver a Von Neumman en ningún torneo.
¿Habría hecho trampa? Es muy probable. A mí me queda la duda si esto no fue una pantalla para que otro jugador hiciese las mismas trampas pero llamando menos la atención. Si todos prestaban la atención a lo peculiar del rastafari, quién iba a fijarse en quizás otro jugador que no tuviese ningún comportamiento atípico, pero que de alguna manera también le dictaban las jugadas… No se puede saber, es una especulación mía.
Hoy día, en los torneos de alta jerarquía se han planteado algunas ideas para impedir que los jugadores siquiera piensen en hacer trampa. Una de ellas es la regla del teléfono celular. Si a algún jugador le suena el teléfono celular, en medio de una partida, perderá irremediablemente la misma. Otra medida es que para ciertos encuentros de la elite, los jugadores juegan tras una cortina semitransparente, en donde los espectadores pueden ver a los jugadores, pero éstos no pueden ver al público. Así, señales con las manos o de alguna manera en forma visual, son eliminadas directamente. De hecho, en el ajedrez mexicano, los hermanos Garméndez, que tienen una relativa fuerza y se dedican al ajedrez, tenían un sistema de señas para ayudarse en las partidas, asunto por demás ilegal. Hoy en día los Garméndez son vigilados y sus trampas han quedado en el pasado.
En mi opinión, el asunto de las trampas en ajedrez debe centrarse en los torneos abiertos y no en los torneos de elite. Un jugador de la elite que haga trampa seguramente será descalificado y castigado por la propia Federación Internacional. Se le podría quitar incluso el título de gran maestro. Resulta absurdo este comportamiento precisamente en el ajedrez de alto nivel. No obstante, en niveles menos fuertes de ajedrez, en donde además, hay muchos más jugadores, no faltará quién quiera sacar beneficio económico ganando un torneo o simplemente queriendo mostrar a todos que se brincó al sistema. Las motivaciones son variadas. Por ello, sin duda hay que tomar acciones, aunque pienso que de entrada, hay que actuar como en las leyes, primero de todo, no somos culpables a priori los jugadores de ajedrez y no venimos a hacer trampa.

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