MUEREN DOS AJEDRECISTAS MEXICANOS NOTABLES POR COVID-19

APRO/Manuel Michelone

La pandemia no perdona raza, ni situación económica, ni condición física. Todos estamos expuestos al virus SARS-CoV-2 y es importante dos cosas: protegernos lo más posible a través de las medidas de distanciamiento social y al primer síntoma ir al médico y atenderse. Preferible una falsa alarma a esperarse a ver cómo evolucionan los síntomas porque en este caso puede ser tarde.

Y si hablo de esto es porque dos buenos amigos y muy fuertes ajedrecistas mexicanos, los maestros nacionales Raúl Rosas Reyes y Alfonso Ferriz Salinas, fallecieron por complicaciones de la enfermedad covid-19.

Con Raúl jugué muchas veces y siempre fue respetuoso y gran deportista. Aceptaba la derrota con una sonrisa. Analizábamos un poco (el post-mortem), y nos despedíamos como lo que siempre fuimos, buenos amigos. Recuerdo que en un Torneo Carlos Torre me tocó jugar en la mesa al lado de la suya.

Su rival le estaba jugando muy agresivamente y Raúl se defendía con todo. Al final no soportó la tensión y Raúl perdió. Al término de la partida le dije que me había sorprendido la manera de defenderse y que bueno, ante el ingenio de su oponente nada se pudo hacer. Él asentía amablemente a pesar de haber perdido. El maestro Rosas patrocinó muchos torneos y era un amante del ajedrez. Lo vamos a extrañar.

Del maestro Poncho Ferriz, hijo del decano del ajedrez, el maestro FIDE Alfonso Ferriz Carrasquedo, debo decir que destacó rápidamente en el ajedrez.  Poncho Ferriz era un jugador apasionado, muy fuerte, y tuvo un momento de gloria cuando ganó el Torneo Nacional de Estados Unidos en Las Vegas, Nevada. Poncho prometía mucho como ajedrecista y su padre –que tenía un club de ajedrez– lo apoyaba. Vamos, se habló de incluso cambiarse de nacionalidad para poder jugar la olimpiada de ajedrez, pues no estaba entre los que habían clasificado para ese torneo, entre un sinfín de rumores.

La carrera de Poncho, sin embargo, tomó otro derrotero. Poco a poco dejó de jugar torneos y se dedicó más a la enseñanza. Había diseñado un sistema, tlamatimini –creo le llamaba– y era todo un esquema lúdico. Poncho pugnaba por jugar ajedrez rápido, en contra de lo que otros ajedrecistas han dicho hasta el cansancio al respecto de jugar rápido y superficialmente. El maestro Ferriz Salinas creó la ESNAJ, la Escuela Nacional de Ajedrez, e incluso propuso terapias ajedrecísticas para ayudar a los niños con síndrome de Down.

Hace unos años, cuando Kasparov vino a México, Poncho Ferriz lo retó públicamente a un duelo llamado “el hilo de Ariadna”, en donde básicamente se ponen diez tableros de ajedrez, con sus respectivos relojes, y dos jugadores juegan diez partidas a toda velocidad. Poncho era un experto en esta modalidad de ajedrez y esperaba que Kasparov aceptara el reto, pero probablemente el ogro de Bakú jamás se enteró siquiera de la propuesta de Poncho, pues Kasparov venía a una serie de actividades por las cuales le habían pagado unos particulares. Así que todo quedó en una anécdota.

El ajedrez mexicano tiene un ambiente relativamente pequeño. Cuando uno va a un torneo en general se encuentra siempre a los mismos jugadores, todos manteniendo esa pasión que se muestra casi cuando le brillan los ojos frente al tablero escaqueado. Para la mayoría de los jugadores de primera fuerza, el ajedrez es una actividad obsesiva y el arte entonces se hermana con los amigos que comparten la belleza que el juego otorga.

Y es por ello que quizás duele el perder a estos jugadores porque al final del día, el ajedrez une. Lamento mucho el fallecimiento de estos dos fuertes maestros del ajedrez local. Mi más sentido pésame a los familiares de ambos maestros.

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