"RENUNCIAR AL MUNDIAL DE ARABIA SAUDÍ SERÁ POSITIVO SI AYUDA A LAS MUJERES, NO SI ME AYUDA A MÍ"

Perdió sus dos títulos mundiales tras no plegarse a las leyes de Arabia Saudí

"Como actúas en una partida es el reflejo de como lo haces en la vida"

A sus 27 años, la ucraniana destaca que el ajedrez "es un deporte muy justo"

Anna Muzychuk (28 de febrero de 1990, Lviv, Ucrania) cogió una pieza de ajedrez por primera vez con tres años. En casa, era el deporte rey. Tanto su padre como su madre eran entrenadores de esta disciplina, entonces y hoy aún minoritario. "Nunca me forzaron a jugar", cuenta a sus 27 años y habiendo alcanzado la cima frente al tablero. La suya era una carrera firme, sin sobresaltos ajenos a la competición. Hasta el pasado diciembre, cuando su cara dio la vuelta al mundo a golpe de clic, informativos y redes sociales por negarse a ir a Arabia Saudí al campeonato del mundo de ajedrez rápido y relámpago.

"Empecé a leer sobre Arabia Saudí -monarquía absoluta donde partidos políticos y sindicatos están prohibidos- en noviembre, cuando supe que acogía el mundial", recuerda. Algo había oído sobre los derechos de la mujer en aquel país, pero cuando profundizó lo que vio no le conquistó... De hecho, la irritó hasta tal punto que tomó la decisión de no acudir. "Nunca pensé en la repercusión que tendría mi decisión", cuenta mientras picotea algo de comer. "Jamás había hecho tantas entrevistas", confiesa entre risas. Doble campeona del mundo, para ella era la oportunidad perfecta para acabar un 2017 en lo más alto. Además de mantener su trono, en juego estaba la mayor bolsa de premios de la historia del ajedrez femenino -500.000 dólares-. La jugada parecía sencilla, pero el fin no siempre justifica los medios..., se quedó sin corona y sin tesoro.

EN FACEBOOK

Su rechazo a cómo son tratadas y consideradas las mujeres en Arabia Saudí lo manifestó en su muro de Facebook a finales de noviembre. Casi a modo de desahogo, sin ninguna intención de que trascendiera más allá de su familia, sus amigos y los pocos pero entregados seguidores de este deporte. Ni se imaginaba que en horas su perfil echaría humo: 170.000 me gusta, 70.000 compartidos y 30.000 comentarios... En diciembre ratificó su postura. Así empezaba la partida más importante de su vida. O, al menos, la más mediática.

Aún le cuesta creer el revuelo que provocó su plante. "No era mi intención, aunque ahora me alegro", dice humilde. De visita en Madrid, donde acudió para participar en el evento Mujeres que brillan de Iberdrola, confiesa que se ha sentido muy arropada tanto en su país como fuera. "No me he arrepentido en ningún momento de lo que hice", cuenta. "Lo volvería a hacer, creo que ayuda para que no se celebren torneos en países así".

En Arabia Saudí, la vida de las mujeres está tutelada por un hombre tanto en la esfera pública como en la privada. No pueden abrir una cuenta corriente, viajar, salir a la calle o cursar estudios universitarios sin el consentimiento de un tutor varón. Así es el día a día de 17 millones de ciudadanas saudíes. "Mi negativa a participar vino porque no me quería sentir menospreciada, ni ciudadana de segunda, no quería vestir la abaya ni tener que salir acompañada a la calle". La decisión la tomó junto a su hermana Mariya, también jugadora de elite de ajedrez, y con el apoyo de sus padres. "Antes de mis títulos en el deporte está mi dignidad".

GRAN MAESTRA

Sin haber alcanzado los 30, y con el título de gran maestra desde hace diez, el verbo ganar es quizá el que más veces haya conjugado en su vida. "De pequeña fue duro, me hubiera gustado estar más con otros niños". Con tres años ya sabía mover las fichas en el tablero; con cuatro se enfrentaba a rivales de 10 años. «Fue en un campeonato en mi provincia. Gané y es de las victorias que me han hecho sentir más orgullosa; presumía con mi trofeo...». Con los años, el alfil y la reina se convirtieron en parte fundamental de su vida. "A los 15, cuando logré el campeonato del mundo de menores de 16 años supe que me quería dedicar a ello profesionalmente". Y hasta el momento no se ha arrepentido.

"Es un deporte apasionante, con más de mil años de historia, del que sigo aprendiendo cada día. En cada partida hay una jugada nueva, siempre es algo abierto", explica en un correcto inglés. Además habla ucraniano, esloveno, alemán, croata y ruso. "Gracias a este deporte he podido viajar y conocer muchas culturas y a muchas personas".

Dedica seis horas al día al ajedrez, más hora y media de entrenamiento físico. "Sí, me queda poco tiempo para el ocio", aclara antes de que surja la cuestión. Pausada, piensa cada respuesta, con interés por no dejar ninguna pregunta a medias. "Como actúas en una partida es el reflejo de como lo haces en la vida". Entre blancas y negras, ha crecido profesional y personalmente. "Me ha aportado mucho en valores, en disciplina, potencia la memoria y el cálculo, la creatividad, la imaginación, aprendes a ser responsable de tus actos... Me ha enseñado a manejar los tiempos, a respetar al oponente. Y me ha demostrado que si trabajas duro, logras resultados".

Aunque guste más hablar de las victorias que de las derrotas, ella mantiene una rutina parecida en ambos escenarios. "Siempre analizo lo que he hecho bien y mal". No le gusta tropezar dos veces en la misma piedra. "También he tenido momentos duros y he necesitado tiempo para reponerme y volver más fuerte". Su punto fuerte es que lucha "por lo que quiere, me gusta ayudar a la gente y tengo un sentido de la justicia muy marcado". Su punto débil le cuesta más dar con él. "Se me da peor el juego de ataque y combativo y mejor el calmado y estratégico".

Dedicada a un deporte tan poco habituado a ocupar grandes titulares, Anna quiere disfrutar de su buen momento. "Lo que he hecho será positivo si ayuda a las mujeres, no si me ayuda a mí". Los compromisos se le acumulan ahora en la agenda; antes casi había que buscarlos y los pocos que surgían no se desaprovechaban. La BBC, la CNN o The Guardian también se han hecho eco de su pequeña gran historia.

Aunque por el momento su vida discurre sobre el tablero, de salir de este mundo le gustaría tirar por las Relaciones Internacionales. No parece preocuparle mucho cómo ni cuándo recuperará su trono. "El ajedrez es un deporte muy justo". Si ella lo dice habrá que creerla. "He trabajado mucho siempre con la intención de devolverle a mis padres todo lo que han hecho por mí y por mi hermana".

-¿Si algún día tiene hijos le gustaría que se dedicaran al ajedrez?

-Me gustaría que aprendieran los valores de este deporte, pero no tienen por qué ser profesionales si no quieren.

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