PACO VALLEJO, EL KASPÁROV ESPAÑOL QUE ACABÓ EN BANCARROTA POR JUGAR AL PÓQUER

Algo pasa con los niños prodigio del ajedrez español. Por una razón u otra, la gloria es efímera para ellos. Es la decadencia lo que acaba por prevalecer en sus historias. Con un punto común: las Islas Baleares. Allí, en Palma de Mallorca, nació Arturo Pomar en 1931. Tras hacer tablas con el campeón del mundo Alexander Alekhine cuando tenía 12 años (y con Bobby Fischer más adelante), ser motivo de orgullo para el franquismo y ganar siete títulos de campeón nacional, la nada. Todos acabaron olvidándose de él, como puede que también le suceda a otro ajedrecista balear: Paco Vallejo.

Paisano de Sergio Llull (pues nació en Mahón, Menorca, en 1982), le cogió el gusto al tablero casi tan rápido como Pomar. De hecho, fue subcampeón del mundo sub10 y sub12pero sobre todo campeón del mundo sub18. Maestro Internacional primero y Gran Maestro después, al igual que su predecesor, Vallejo parecía destinado a tener más suerte. Él no tuvo que buscarse un empleo como funcionario en Correos para poder subsistir. Ni pedir excedencias sin sueldo para acudir a torneos internacionales sin ningún tipo de ayuda. Es más: pudo tenerlo todo hasta límites insospechados.

Y no sólo hablamos de subvenciones anuales (que las tuvo). O de haber formado parte del mejor equipo del mundo (que también: el Baden-Baden alemán). Porque la gloria española, que alcanzó más que de sobra (cinco veces campeón nacional), no es nada en comparación con lo que pudo llegar a nivel mundialla élite, ni más ni menos. Si de Pomar se dijo que habría sido serio aspirante a campeón del mundo de haber nacido en la Unión Soviética, las previsiones con respecto a Vallejo tampoco estuvieron nada mal. Se llegó a contar con él para colarse entre los cinco o diez mejores jugadores del planeta.

Pero eso nunca ocurrió ni parece que vaya a hacerlo. Claro que en su palmarés luce un puesto número 20 como mejor ránking mundial. Al igual que varias presencias en Olimpiadas de ajedrez y Campeonatos de Europa por equipos (además de todo tipo de competiciones a nivel nacional). Sin embargo, Vallejo se quedó más cerca de la tierra de nadie que de la cúspide. Siempre pudo dar más de sí… y se negó a hacerlo. “No me ha ido mal, pero si consideramos que triunfar es ser un Rafa Nadal del ajedrezno. Si esa es la vara de medir, te digo que no he triunfado”, declaró a El País en 2011.

El dinero, los viajes por el mundo y un apartamento más que decente le acompañaron en todo momento. Se conformaba con eso, nada más. Las rutinas, la constancia y lo de ser metódico se lo dejaba a otros. Con un talento superior a la media, pero tampoco inabordable, le valía. Alguna vez, sorprendió a los grandes. Como al noruego Magnus Carlsen (nada menos que el campeón del mundo vigente desde 2013). Vallejo le derrotó el mismo año en el que dijo que él no era el Nadal del ajedrez. Cuando el póquer, por desgracia, apareció en su vida.

“Estaba muy de moda. Lo hacían muchos amigos. Fuera también tengo amigos que juegan. Por ejemplo, en Londres. Y allí no pagas ni ganando. He aprendido tanto de leyes que me olvidaré del ajedrez”. ¿A qué viene esta frase con resignación final en La VanguardiaHacienda persigue a Vallejo desde 2016. Entonces, el fisco consideró que debía haber tributado sus ganancias en el juego online (bastantes menos que las pérdidas, que no se tienen en cuenta) y le conminó a pagar una sanción elevadaunos 100.000 euros, que fueron más de 500.000 en un primer momento.

Da igual que la ley sobre la compensación de ganancias y pérdidas cambiase en 2012: como el ajedrecista jugó en 2011, todavía estaba en vigor la legislación anterior. La reclamación no pudo tener un efecto peor sobre Vallejo. Ahora entrena sólo una o dos horas al día (antes eran cinco)su motivación para jugar al ajedrez es tan escasa como su ánimo e incluso se retira de las competiciones. Algo que no hacía desde los 10 años y que le ocurrió en marzo, cuando abandonó en pleno Europeo de Batumi (Georgia).

Es lo que tiene “una injusticia bestial y de difícil reparación”, como definió para EFE, que le ha hecho ver “cómo una vida idílica (la suya) se puede convertir en un desastre a gran velocidad”. Y, por encima de cualquier otra cosa, tener embargado prácticamente todo su dinero, los ahorros de una vida. Le aconsejaron que no hiciese público su calvario, para no ser tildado de ludópata. Pero Vallejo no aguantaba más: disputar partidas con los ojos llorosos ya era costumbre.

Para colmo, a la presión de Hacienda durante los dos últimos años se le unió el hecho de que su madre enfermó de gravedad en Dubái, donde vivió el ajedrecista. Se siente como un criminal y asegura que él nunca tuvo ganancias con el póquer. Vallejo considera que tendrá que jugar durante muchos años al ajedrez para hacer frente a la deuda que se le exige que salde, pero las ganas se han ido: el número uno español ya no sabe si quiere competir más con su país.

De momento, su caso se tramita a nivel regional, pero el balear no descarta acudir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. Bastante mérito tiene que sólo haya caído al puesto 32 del ránking mundial tras sufrir este “daño gigantesco”. Calvarios como el suyo se resolvieron de manera favorable en el pasado, aunque ni siquiera esa esperanza le consuela del todo. A Pomares le dejaron de lado las autoridades. A Vallejo, peor aún, la suerte. Y de cualquier tipo.

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