AJEDREZ EN INGLATERRA: DISCRIMINACIÓN A MUJERES PARA UN CARGO

La Federación Inglesa de Ajedrez (ECF) ha sido acusada de sexismo después de rechazar a dos mujeres candidatas y dar el cargo de director de ajedrez femenino de la federación a un hombre.

El cargo conlleva promover el juego entre las mujeres y ha sido otorgado a un alto ejecutivo en recursos humanos que ni tan siquiera llegó a ser entrevistado para acceder a esta dirección federativa.

Las dos mujeres rechazadas son, en un caso, una jugadora especializada en reclutar mujeres para campos dominados por hombres y en el segundo, se trata de una abogada de 30 años que, señala, le ofrecieron ser ‘segunda’ del hombre elegido.

Se da la circunstancia que el cargo estaba ocupado hasta el pasado mes de febrero por una mujer, la ajedrecista Sarah Longson y ha sido sustituida precisamente por las quejas de mujeres al llevar vacante varios meses.

Este cargo tiene un corto presupuesto de 5000 libras anuales (5640 euros) para promover el ajedrez entre niñas y mujeres. La ECF se organiza en 11 direcciones de las cuales solo dos están ocupadas por mujeres. Se trata de una dirección no ejecutiva y otra, la dedicada al ajedrez juvenil.

Tras conocerse la decisión ha existido una amplia movilización dirigida a la Federación acusándola de estar fuera de la realidad y de los esfuerzos realizados para conseguir más mujeres en puestos de liderazgo.


Jovanka Houska

La gran maestra, siete veces campeona en Reino Unido y actual número uno de su país, Jovanka Houska, de 38 años, también calificó de muy extraño lo ocurrido “ya que es muy importante tener presencia femenina en el tablero”.

Por otra parte, cara a la próxima Olimpiada de Ajedrez a celebrar en Georgia del 23 de septiembre al 7 de octubre de 2018, la federación nombró a un hombre, Lorin D’Costa como el capitán, no jugador, del equipo femenino británico.

En Inglaterra de los 16 000 jugadores federados tan solo un 4 % son mujeres.

Una ajedrecista, Amanda Ross, quien fundó en Londres el grupo Casual Chess Cafe, para animar a mujeres a jugar al ajedrez, dijo que se trataba de una oportunidad perdida para poner en un cargo de liderazgo cualificado a una mujer. Ubicado en el barrio de Tottenham ofrece partidas cuatro días a la semana.

Volvió a recordar que no se trata de que las mujeres jueguen peor sino que sigue existiendo un sistema inconsciente que hace pensar en lo que se ha denominado estereotipo de las mujeres en el ajedrez.

 
Ajedrez en el Casual Chess Cafe.

Se da la circunstancia que la ECF rechazó una petición de este grupo para invertir fondos por valor de 6000 libras (6770 euros) en promover el ajedrez femenino. Casual Chess Café en el último año ha dado clases gratuitas a 500 mujeres pero se financia a través de donaciones, por este motivo, solicitaron la partida económica a la federación inglesa.

Desde hace tiempo se considera que el ajedrez tiene problemas para atraer a las mujeres y además ciertos comentarios de jugadores no han ayudado en este sentido. Precisamente Ross mantuvo una polémica dialéctica con el gran maestro británico Nigel Short, quien en manifestaciones públicas dijo que las mujeres “no estaban preparadas para este juego mental, rechazo a las mujeres ajedrecistas”.

El jugador británico, quien se ha postulado nada menos que para la presidencia de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE en sus siglas en francés) ya ha protagonizado varias polémicas como cuando apoyó el boicot a Irán en el Mundial femenino de 2017 por el uso obligatorio del hiyab –pañuelo que cubre la cabeza- y tan solo meses más tarde apoyó y asistió al Mundial rápido y relámpago en Arabia Saudí, justificándolo en que le pagaban bien y los premios eran generosos.

Por el bien del ajedrez mundial sería deseable que este personaje no lo presidiera, ahora que se ha confirmado que el actual presidente, el siniestro Kirsan Ilyumzhinov, está obligado a dejar un cargo que ocupa desde 1995 y que ha dejado tras de sí un reguero de corrupciones, polémicas, abusos, nepotismo e incluso las sospechas de un asesinato a sus espaldas, el de la periodista Larisa Yudina (1945-1998), crítica con su gestión política.

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