A LOS MACHISTAS: JAQUE MATE

Por Conrado Roche Reyes

Señores machistas, su atención por favor. Hay que advertirles sobre unos hechos que en Yucatán se registran constantemente y deben disparar las alarmas entre quienes defienden a ultranza la supremacía intelectual del hombre sobre la mujer.

Sobre el tablero de ajedrez, esa cerebral palestra, campo de batalla de las ideas, donde ni el sexo ni la edad son determinantes, las mujeres salen con inquietante frecuencia con el brazo en alto en su enfrentamiento con los varones.

Son ya numerosas las resonantes victorias de chamacas yucatecas frente a los hombres en nuestro terruño y en el extranjero. Nada fuera de serie en estos lares donde contamos con mujeres excelentes ajedrecistas, como por ejemplo la maestra internacional Diana Carime Real Pereyra, pero aun así no deja de ser un golpe seco al orgullo de quienes sostienen que la testosterona tiene derecho de primacía en los duelos cerebrales.

Y ya que hablamos de Diana, hay que subrayar una anécdota que podría volverse clásica en el mundo del tablero. En una gira por Europa, cuando la peninsular había empatado con algunos rivales de mucha mayor jerarquía que ella, un petulante con título de maestro internacional, el costarricense Leonardo Valdés, le dijo que esas tablas eran solo producto de la suerte.

No contaba el fulano con que en el mismo torneo, disputado en España, se enfrentarían ambos y que la yucateca le haría morder el polvo, o más bien inclinar su rey, como se dice en el argot ajedrecístico, pese a que el tico la superaba por mucho en rating. Justicia poética, me comentó un buen amigo.

La felpa a este hocicón necesariamente hace recordar, nos dicen los expertos, un hecho que aunque famoso, muy pocos conocen. En 1929, la genial Vera Menchik participó en un campeonato de ajedrez masculino en Karlsbad. La participación de una mujer indignó a algunos machistas. El más extremista de ellos, Albert Becker, ante el fracaso de sus gestiones para que se excluyera a Vera del evento, tuvo ahí mismo la puntada de crear un club con los nombres de quienes cayeran en la “deshonra” de perder ante una dama. Ironías del destino, el insolente Becker fue el primero en la lista tras perder ante su dulce y tierna adversaria.

Vera Menchik, quien murió trágicamente en Londres durante un bombardeo de la aviación alemana en 1944, apiló 41 nombres en ese “club de Toby”, entre ellos, inmortales como Samuel Reshevsky y el ex campeón mundial Max Euwe. Estos dos últimos la felicitaron reconociendo su capacidad.

Ahora, muchos ajedrecistas están curados de espanto. Ellos saben cuánta leña lleva el dulce y que en materia de ajedrez una chica no está en desventaja. Paradójicamente, quienes no saben un ápice de este juego son los que más sufren los éxitos femeniles.

Si ese es su caso y radican en Yucatán, más les vale poner tierra de por medio. La entidad es tierra pródiga en hazañas femeninas sobre el tablero. De hecho, es en los hombros de niñas y jóvenes sobre los que recae el peso del prestigio local en las Olimpiadas Nacionales de Ajedrez.

Nombres como la mencionada Diana Real, Genny Cecilia y Victoria Alexa Canché Cab, Magdalena Matú Carballo y Lilia Ivonne Fuentes Godoy son algunas de las bravas yucatecas que compiten y bien a nivel local, nacional e internacional.

Casos como los de las antes mencionadas les revuelve el estómago a no pocos. Si aún viviera, se volvería a morir de coraje el genio alemán Arthur Schopenhauer, ese misógino incorregible que despreciaba a su propia madre y que, ¡barbaridad de barbaridades!, llegó a acuñar una frase que se volvió un recurso defensivo de varones acomplejados: “La mujer es un animal de cabellos largos e ideas cortas”. Que se revuelque ahora en su tumba.

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